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Chincheta Autor Tema: Paracelso-maestro alquimista sus 7 reglas  (Leído 2655 veces)

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Paracelso

Paracelso-maestro alquimista sus 7 reglas

"Lo que está cerca de la perfección, fácilmente se lleva a la perfección". (Canones filosoficos de Paracelso)

Hemos querido rendir un pequeño homenaje a este maestro de sabiduria humana. Para ello hemos incorporado a sus 7 reglas, una reducida biografia y a continuación sus canones filosóficos. Los interesados en Alquimia comprobaran que todos sus canones se mantienen en vigor aun hoy en día.

Siete Reglas de Paracelso

1.- Lo primero es mejorar la salud.-

Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un habito que debes a tu propia dignidad.

2.- Desterrar absolutamente de tu ánimo , por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza.

Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones . La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3.- Haz todo el bien posible.

Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4.- Hay que olvidar toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo.

Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5.- Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte , siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada.

Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.

6.- Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales.

Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

7.- Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el DIA mañana.

Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños .

Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; Puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo.

Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal contra el Espíritu Santo.

Paracelso.

Paracelso, el príncipe de los alquimistas

No hubo rama del saber médico en la cual no fuera un adelantado a su tiempo. A su destacado lugar en la historia de la ciencia añade el mérito de ser una de las mayores personalidades de la tradición ocultista occidental.

En su concepto del mundo la magia es la llave maestra que nos permite acceder a otras d imensiones de una Creación con múltiples niveles de realidad, en la cual los principios y fuerzas espirituales presiden el universo material y permiten explicarlo.

Artículo de ABEL MARTÍN ILLÁN aparecido en el núm. 118 de Año / Cero.

Phillipus Aureolus Teofrasto Bombasto eligió de entrada la vocación profética de la denuncia y la pugna con los poderes de su tiempo. Laadopción del nombre con que firmaba sus obras, Paracelso (alternativa a Celso) fue ya toda una declaración de principios. Por si no alcanzara, el día inaugural de su cátedra en Basilea empezó por subirse a la palestra paraquemar las obras de las autoridades intocables de la Medicina de su tiempo: Celso, Rhazes, Avicena y Galeno.

Su guerra contra el orden establecido se expresó siempre de la forma más radical: dictaba sus lecciones en alemán vulgar, desdeñando el latín académico y declaraba que sus colegas torturaban y mataban a los pacientes con terapias inadecuadas. Tampoco le ayudó a hacer amigos su afirmación de que había aprendido más de las curanderas y barberos sacamuelas que de los médicos y profesores en las aulas.

Para desesperación de sus enemigos, este místico iluminado de carácterapasionado fue una de las mentes científicas más vigorosas de su tiempo, un investigador infatigable de la naturaleza y un iniciado de primera línea.
Experto en alquimia, cábala y astrología también alcanzaría un lugar de privilegio en la tradición mágica europea.

Paracelso nació en 1493 en Einsiedeln, cerca de Zúrich. La casa familiar, junto al río Sihl, se conserva y aún puede ser visitada. Su padre, Guillermo Bombasto de Hohenheim, ejercía la medicina y su madre murió durante el parto o poco después del nacimiento de su único hijo. Muy pronto, el médico viudo empezó a hacerse acompañar por el niño en sus visitas diarias y, en sus ratos libres, también le enseñó los rudimentos del latín y la ciencia de las plantas. De los nombres recibidos en el bautismo, nunca usará el primero (Felipe), aunque sí el de Teofrasto (etimológicamente, «el que da a conocer a Dios»). El nombre por el cual pasará a la posteridad (Paracelso) lo eligió de estudiante, como signo de su oposición a la tradición médica que veía en Celso a una autoridad intocable. También utilizó el pseudónimo de «Helvetius Ercinita». Sus admiradores le llamaban «Lutero de la Medicina», y sus
detractores «Cacofrasto».

Una vida marcada

Cuando apenas contaba 9 años, su padre se traslada a Villach, en la región minera de Carintia, donde trabajaría como médico e ingeniero de minas a las órdenes de Sigmundo Füger. A éste debe el joven Paracelso su iniciación en el estudio de los minerales, que tanta importancia tendrá en sus obras posteriores, así como un conocimiento de primera mano de los métodos de los mineros y fundidores.

Sin embargo, la piedra de toque de su formación la aportó Johannes Trithemius, abad del monasterio de San Jorge en Würzburg, ciudad a la que se trasladó abandonando la casa paterna. Este monje benedictino, ya famoso en la época en que accedió a tomar a Paracelso corno discípulo, fue una de las figuras más destacadas de la alta magia erudita del Renacimiento europeo.

El buen abad era un humanista, buen conocedor de los clásicos, bibliógrafo apasionado, polígrafo excéntrico, creador de extraños métodos para aprender idiomas extranjeros y adelantado de la criptografía. Fue este clérigo, sospechoso de artes diabólicas para la Inquisición, quien le introdujo en el estudio de la cábala, la alquimia y la astrología, así como en la lectura de autores como Pico de la Mirándola, Platón, Plotino y Hermes Trimegisto.

Años de peregrinación

En 1515, Paracelso abandonó Würzburg y a su maestro, que moriría un año después. Dio comienzo entonces una nueva etapa de su vida, que se caracterizaría por su convicción de que nada podía sustituir a la experiencia directa. «Quien quiera penetrar la Naturaleza ha de hollar los libros de ésta con los pies» , escribirá, destacando, al mismo tiempo, que el saber se halla repartido por todo el mundo, lo que le convertirá en un pionero de la universalidad del conocimiento y en uno de los primeros espíritus europeos en el sentido moderno.

Durante varios años, viajará por todo el continente aprendiendo de losbarberos de aldea y las brujas las recetas tradicionales y los remedios populares. Se cuenta que llegó en sus viajes hasta Constantinopla donde, junto a algunos adeptos árabes, habría profundizado en los secretos herméticos y entrado en contacto con la filosofía de los hindúes.

No obstante, a pesar de sus viajes, recientemente ha podido demostrarse que llegó a doctorarse en Medicina por la Universidad de Verona. Durante estos años se dedicó al ejercicio de la profesión, atendiendo en el camino a todo aquel que requería sus servicios. Sus numerosos éxitos empezaron a darle una sólida reputación -mezcla de admiración y recelo- que no le abandonaría durante su vida y que alcanzó su apogeo cuando se trasladó a Basilea en 1526.

Sus lecciones no pasaron desapercibidas para nadie. El psicoanalista C. G.Jung analizó su lenguaje, que considera el característico de todos los visionarios. Cuando se leen sus textos, los neologismos son de capital importancia y parecen contener sugerencias misteriosas. Siguiendo procedimientos en apariencia cabalísticos, Paracelso altera con frecuencia el orden de las letras de muchos vocablos, de forma que, por ejemplo, la palabra alemana Faden (hilo), se convierte en Dafne (la ninfa pretendida por Apolo, que representaba al Sol).

El caso es que gracias a su carácter asistemático, fogoso y exuberante, asus modales y a su lenguaje poco refinados, no tardó en ganarse el favor popular. Parte de su éxito se debió sin duda a sus feroces críticas contra los médicos oficiales que, en connivencia con los farmacéuticos, se enriquecían prescribiendo remedios costosos, complicados y de dudosa efectividad.

Las ciencias ocultas

Pero lo más curioso de todo es que la teoría y la práctica médica de Paracelso, actualmente reconocidas como precursoras de la ciencia moderna, se derivan de su cosmovisión mágica de la Creación y de sus estudios de las denominadas ciencias ocultas. La alquimia que él cultiva, por ejemplo, tiene como primera premisa la unidad fundamental de todo lo que existe, doctrina milenaria trasmitida por los iniciados de todas las épocas.

Además, Paracelso sostiene que existe una relación íntima del hombre con la Naturaleza. Este vínculo directo se debe a que todo lo existente está compuesto únicamente por tres principios fundamentales: azufre, mercurio y sal (o arsénico). Estos factores se combinan entre sí en diferentes proporciones generando los diversos cuerpos y seres, y de ahí la posibilidad de transmutar unas sustancias en otras. Sin embargo, los referidosprincipios no designan las sustancias químicas del mismo nombre, sino querepresentan simbólicamente los ladrillos fundamentales del Universo. El mercurio es el elemento femenino, líquido y metálico; el azufre es el elemento masculino, que determina el color y la combustibilidad, mientras que la sal constituye el medio de unión entre los dos anteriores.

Estos tres factores actúan en el marco de la teoría de los cuatro elementos, heredada de la Antigüedad y desarrollada especialmente por Aristóteles -tierra, aire, agua y fuego-, ligados entre sí por otras tantas propiedades: calor, frío, sequedad y humedad. Partiendo de esta base, para la alquimia paracelsiana el azufre representa la sequedad, que por enfriamiento produce el elemento tierra y por calentamiento el fuego. Por su parte, el mercurio representa la humedad, que al enfriarse produce el agua y al calentarse genera el aire. Por último, la sal sería el quinto elemento (Quintaesencia), el éter que cohesiona todo. Traducido a términos actuales, puede decirse que estos tres principios también equivalen a los estados de la materia (sólido, líquido y gaseoso). Pero lo importante es que este sistema de analogías alquímicas -de signo hermético- es el que sustenta la práctica médica de Paraceiso, y resulta especialmente llamativo que sus investigaciones le llevaran a conclusiones que hoy día cuentan con el reconocimiento, sin fisuras, de la comunidad médica a sus terapias revolucionarias. De su alquimia se ha dicho que es una digna precursora de la farmacología moderna.

Destaca el hecho de que fuera Paracelso el primero en rechazar los polifármacos y la panacea, dogmas que nadie cuestionaba en sus días, y en reivindicar el principio activo del medicamento como único factor terapéutico. También alcanzó justa celebridad por su eficaz tratamiento de las heridas y las infecciones, y por ser el primero en defender el valor del reposo clínico y de crear condiciones favorables para que el organismo pusiera en juego sus propios recursos curativos. Paracelso consideraba que cada órgano corporal actuaba alquímicamente, separando lo puro de lo impuro.. El estómago, por ejemplo, separaba la parte nutritiva de los alimentos de la escoria, que era eliminada por los intestinos. La enfermedad se adueñaba del cuerpo, a su juicio, cuando la fuerza propia de cada órgano era incapaz de evacuar las toxinas acumuladas. Estas explicaciones chocaban frontalmente con la medicina oficial que, apoyándose aún en la vieja teoría de los cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) sostenía que la salud o la enfermedad dependían del equilibrio o desequilibrio de estos fluidos.

Este enfrentamiento con la medicina académica refleja las tendencias de la época en que se gestó la Reforma. Desde 1521, residía en Basilea Erasmo de Rótterdam, que representaba el polo opuesto a las ideas revolucionarias del médico-mago: el mundo erudito y universitario de la educación clásica.

Paracelso era su antítesis: «Que las universidades me sigan o no, ¿qué me importa?», exclamaba orgullosamente. En la misma línea, su libre interpretación de los principios religiosos y la mayor simpatía de que gozaba entre los luteranos hicieron inevitable el enfrentamiento con el ámbito erudito y universitario católico que representaba Erasmo. Por eso, no es sorprendente que se levantara una campaña contra Paracelso, capitaneada por médicos y farmacéuticos, que alcanzó su apogeo en 1528, cuando aparecieron esparcidos por las calles multitud de libelos y panfletos difamatorios contra su persona. Esta ofensiva coincidió con la muerte de Frobenius, su protector, obligándole a huir a Alsacia, tras sólo dos años de magisterio universitario. Ya nunca volvería a enseñar en el ámbito académico. Reanudó su vida errante, recorriendo Suiza, Alemania y Moravia, y durante estos mismos años puso por escrito la mayor parte de su sistema cosmológico.

Panteísmo espiritualista El mismo afán que llevó a los hombres de su época a explorar nuevas tierras, le llevó a él, como a otros intelectuales renacentistas, a recorrer los monasterios y abadías de Europa en busca de antiguos manuscritos. Aparte de las obras de Aristóteles, Plotino y Filón de Alejandría, o las de Ptolomeo y Dioscórides, también pudo conocer a fondo la tradición del Hermes gnóstico a través del Corpus Hermeticum, un conjunto de tratados supuestamente escritos en Egipto en tiempos de Abraham y atribuidos a Hermes Trimegisto.

La convergencia de todas estas doctrinas generó en Paracelso una especie de panteísmo espiritualista que subordinó los fenómenos terrestres a la acción celeste, y que mostraba en todas partes una emanación, directa de la divinidad creadora. En efecto, para nuestro alquimista la naturaleza es toda ella resultado de las sucesivas «coagulaciones» o «condensaciones» de la fuerza primigenia, que él denomina Mysterium Mágnum. Piedras, plantas, animales y astros representan únicamente diferentes grados de actualización de un mismo principio universal. El hombre, aún siendo producto de este proceso, ocupa un lugar privilegiado, ya que, al ser capaz de captar con su inteligencia la unidad subyacente a todo lo que existe, reunifica en el ámbito de su espíritu el Mysterium.

En este marco, el mundo se concibe como una encarnación orgánica de la divinidad. A la primera coagulación completa del Mysterium a su primera expansión, Paracelso la llama Yliaster. Éste no es aún el mundo físico ni el astral, pero los contiene virtualmente, aunque de manera indiferenciada. Es decir, en un primer momento de expansión, el Mysterium debe generar la posibilidad de las cosas, para, a través de sucesivas coagulaciones, transformarse primero en materia astral (éter), después en los distintos astros y, por último, en la materia de que están hechos la naturaleza y los hombres.

El Mysterium Mágnum, en tanto que Yliaster, se divide en las tres fuerzas parciales de la naturaleza: azufre, mercurio y sal . Estas fuerzas se coagulan nuevamente en los cuatro elementos de la teoría aristotélica clásica: agua, tierra, fuego y aire. Las tres fuerzas y los cuatro elementos constituyen la materia de que están hechos los cuerpos, los metales, los seres vivos y, finalmente, el hombre. Estas potencias luchan entre sí, y es este conflicto y el predominio de una sobre otra lo que explica la diversidad real de las criaturas.

La importancia de la magia

Sin embargo, a pesar de sus múltiples con- sensaciones y diversificaciones, el Mysterium nunca deja de ser uno. Cada diversificación arrastra consigo el germen de todas las precedentes a través de esta unidad primitiva, que persiste en todo momento. Y es así cómo el Mysterium Mágnum se revela, en los dos sentidos del término: como naturaleza y como conocimiento en el hombre.

Dado que el ser humano es el único capaz de, comprender esta revelación, se puede decir que la unidad se realiza de nuevo en su psique. La naturaleza, por tanto, recupera su unidad original en el saber humano, en la ciencia, o lo que para Paracelso es lo mismo, en la magia. No en vano, sentenciará: «la naturaleza no es más que la ciencia visible-, la ciencia no es más que la naturaleza oculta».

La magia es la expresión más general del Mysterium Mágnum. Paracelso designa con este término al proceso que acabamos de describir; pero, por otra parte, llama también magia a la actividad por la cual el hombre puede modificar la realidad física. En efecto, a su juicio, el alma del hombre que es al cuerpo lo que el Mysterium es a la naturaleza, se erige en un centro la fuerza primigenio mágica. Y, como tal, es también un centro de conciencia, de pensamiento y, sobre todo, de voluntad. Ésta actúa, en primer lugar, sobre el propio cuerpo, no sólo porque lo crea y lo forma, sino también porque lo dirige y lo mueve. Su modo de acción es doble: es fuerza y conciencia al mismo tiempo; propone a la imaginación un objetivo que cumplir. El alma piensa algo, se vincula a ese pensamiento, lo desea y tiende a él, y así la fuerza plástica y productiva de la voluntad imprime a la materia su imagen.

Cuando concebimos un movimiento, el alma, imprimiendo su imagen al cuerpo, lo realiza de ese modo; análogamente, cuando se trata de un sonido, el cuerpo lo pronuncia. Según el grado de concentración del Mysterium Mágnum en la voluntad, las imágenes que ésta sea capaz de desear y generar irían desde los meros movimientos corporales hasta la transmutación de los metales.

fuente:esquinamagica.com

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